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EE. UU. y Turquía redefinen defensa: Trump flexible con F-35

Giro clave en la defensa EE.UU.-Turquía: Trump flexibiliza venta de F-35 y autoriza motores F-110. La cumbre OTAN en Ankara (julio 2026) redefinirá la alianza. ¿Qué significa esto?

Redacción Altas Tendencias · · 5 min de lectura

EE. UU. y Turquía redefinen defensa: Trump flexible con F-35

La compleja relación entre Turquía y Estados Unidos vive un momento de pragmatismo estratégico y reconsideración, marcado por el reciente anuncio de avances en materia de defensa y una cumbre clave de la OTAN en Ankara. En un giro significativo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha insinuado una posible flexibilización en las tensiones defensivas con Turquía, en particular en lo que respecta a la venta de aviones de combate F-35. Esto se produce días antes de la cumbre de la OTAN programada para el 7 de julio de 2026 en la capital turca, un evento que se perfila como crucial para redefinir la alianza en un contexto geopolítico en evolución. En paralelo, la administración estadounidense ha notificado al Congreso su intención de autorizar la venta de motores a reacción F-110, valorados en más de 700 millones de dólares, destinados al programa de desarrollo del avión de combate autóctono turco KAAN.

El epicentro de la discordia bilateral ha sido, durante años, la adquisición por parte de Turquía del sistema de defensa aérea ruso S-400 en 2019. Esta compra llevó a Estados Unidos a excluir a Ankara del programa de cazas F-35 y a imponerle sanciones bajo la Ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos a través de Sanciones (CAATSA) en 2020. La tecnología del F-35 es altamente sensible, y Washington ha argumentado que la coexistencia de este caza de quinta generación con el sistema ruso S-400 podría comprometer la seguridad de la información de la OTAN. Actualmente, un equipo liderado por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance y el secretario de Defensa Pete Hegseth está revisando si Turquía cumple con los criterios legales para reincorporarse al programa F-35. A pesar de esta revisión, la venta de los motores F-110, fabricados por General Electric, es un paso distinto. Estos motores impulsarán el KAAN, el primer avión de combate turco, cuyo proyecto se lanzó en 2016 con el objetivo de lograr una mayor autosuficiencia en defensa. El contrato firmado en mayo de 2026 prevé un lote inicial de 20 aviones Block 10, con entregas entre 2028 y 2030, que utilizarán exclusivamente los motores F-110 estadounidenses. Esta transacción, aunque significativa, no anula las sanciones CAATSA ni la exclusión del programa F-35, manteniendo la presión sobre Ankara para resolver la cuestión de los S-400, sobre los que Turquía ha explorado la posibilidad de devolverlos a Rusia en discusiones privadas a finales de 2025.

La relación entre Turquía y Estados Unidos no se limita a la esfera militar. Ambos países han suscrito un memorando de entendimiento para profundizar la cooperación en energía nuclear. Asimismo, Turquía ha desempeñado un papel mediador crucial en conflictos regionales, ofreciéndose como puente entre Estados Unidos e Irán, y respaldando un acuerdo preliminar de tregua en junio de 2026 que busca abordar el programa nuclear iraní y reabrir el estrecho de Ormuz. Turquía incluso ha señalado las acciones de Israel como un obstáculo para la reconciliación entre Washington y Teherán. En el ámbito latinoamericano, Ankara también ha actuado como mediador entre Estados Unidos y Venezuela, facilitando un esquema comercial que ha permitido a Caracas sortear sanciones financieras estadounidenses mediante el procesamiento de oro en refinerías turcas para obtener liquidez fuera del sistema SWIFT.

Para un guatemalteco o un latinoamericano, estas dinámicas transcontinentales pueden parecer distantes, pero su impacto es tangible. La estabilidad de la OTAN, de la cual Turquía es un miembro vital, influye directamente en la arquitectura de seguridad global y, por extensión, en la confianza de los mercados internacionales. Decisiones sobre ventas de armas y alianzas militares en regiones clave como el Medio Oriente o Europa del Este afectan las cadenas de suministro globales, los precios de los productos básicos y la inversión extranjera. La política exterior de Estados Unidos en su conjunto, ya sea confrontacional o conciliadora con actores como Turquía, establece precedentes y modelos de comportamiento en la arena internacional que pueden influir en las relaciones de Washington con países latinoamericanos. La mediación turca en el caso de Venezuela, por ejemplo, ilustra cómo las naciones pueden buscar rutas alternativas para la diplomacia y el comercio frente a las sanciones, un factor relevante para cualquier país bajo presión económica.

El acercamiento actual, impulsado por la venta de motores para el KAAN y la revisión del expediente F-35, sugiere un enfoque más pragmático por parte de la administración estadounidense, buscando gestionar las diferencias con un aliado de la OTAN en un entorno global volátil. Históricamente, la relación entre Washington y Ankara ha sido descrita como "convulsa" o "estresante", marcada por disputas sobre Chipre en la década de 1970 y las diferentes visiones geopolíticas en Oriente Medio tras la Guerra de Irak. La cumbre de la OTAN en Ankara en julio será una prueba crucial para consolidar este deshielo o exponer las persistentes divergencias, especialmente si Turquía logra un compromiso sobre los S-400. La capacidad de Turquía para mantener una política exterior independiente, mediando en conflictos y desarrollando su propia industria de defensa, redefine su rol de "puente" entre Oriente y Occidente. Esto podría llevar a una OTAN con un miembro más asertivo en sus intereses, pero también con una mayor capacidad para influir en la resolución de crisis globales, lo cual, a largo plazo, podría contribuir a una mayor estabilidad en un mundo interconectado.

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